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Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras?

Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras
¿Crees que decir palabrotas es algo realmente malo? ‘Para nada —tal vez pienses—. Hay cosas peores. De hecho, todo el mundo las usa’. Pero, ¿es esto cierto? Aunque no lo creas, algunos se esfuerzan por no decir malas palabras. Y tienen en cuenta cosas que muchas personas ignoran. Por ejemplo:

Las malas palabras no son solo palabras. Tu forma de hablar revela lo que hay en tu corazón. Ser mal hablado demuestra que no te importan los sentimientos de los demás. Piensa: ¿eres así en realidad? La Biblia dice: ‘Las cosas que proceden de la boca salen del corazón’ ( Mateo 15:18 ). Decir malas palabras contamina el medioambiente verbal. ¿Por qué exponer a otros, o a ti mismo, a esa suciedad? Decir malas palabras daña tu imagen. El libro Cuss Control afirma: ‘La manera en la que hablas puede determinar quiénes serán tus amigos, cuánto te respetarán tus familiares y compañeros de trabajo, cómo serán tus relaciones, cómo influirás en otras personas, si conseguirás un trabajo o un ascenso y cómo te verán las personas que no te conocen’. Esta obra también aconseja: ‘Pregúntate si tus amistades mejorarían si dejaras de decir palabrotas’. La Biblia dice: ‘No griten ni insulten a los demás’ ( Efesios 4:31, Traducción en lenguaje actual ). No te hace parecer tan chévere, tan guay, tan genial como crees. En su libro ¡Qué maleducado!, el doctor Alex Packer declara que las personas se cansan de escuchar a la gente que dice groserías todo el tiempo y que decir malas palabras no permite que te expreses con ‘ingenio, inteligencia o empatía’. Y agrega: ‘Si tu vocabulario es perezoso, vago o con poca imaginación, seguro que tu mente tampoco dará para mucho’. La Biblia dice: ‘No salga de boca ninguna palabra sucia’ ( Efesios 4:29, La Biblia al Día, edición para España).

¿Qué dice la Biblia acerca de las malas palabras?

Hebreos 4:12 – La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Heb 4:12).

¿Por qué no debo decir malas palabras?

Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras Las malas palabras permanecen en todos los idiomas y a la vez cambian con el tiempo. Emma Byrne es una especialista en robótica que un día encontró que su hábito de decir malas palabras era un objeto de estudio, ‘Gracias a una amplia gama de científicos, desde los cirujanos de la era victoriana hasta los neurocientíficos modernos, sabemos mucho más sobre decir malas palabras que lo que solíamos’, escribió en Swearing is Good For You, The Amazing Science of Bad Language (Insultar es bueno para usted, La ciencia increíble de las malas palabras ),

‘Pero como todavía se lo considera algo chocante, esa información no se ha generalizado. Es una jodida pena’, escribió en la introducción a su libro. Hizo un estudio exploratorio: un análisis de datos sobre qué diferencia había en el sentido que los fanáticos del fútbol inglés daban a los insultos ‘fuck’ y ‘shit’, que usaban con la máxima frecuencia y aparentemente de modo intercambiable.

Pero no: el primero alude a algo positivo o a algo negativo, mientras que el segundo es solamente negativo. Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras Cuando Byrne publicó su artículo, la llamaron de un diario para preguntarle, poco más o menos, cuánto tiempo y dinero había desperdiciado en esa pavada. Eso le hizo entender que ‘falta mucho para que las obscenidades sean un tema respetable de investigación’,

Sin embargo, siguió y escribió este libro. ‘Decir malas palabras es una de esas cosas que nos salen tan naturalmente y parecen tan frívolas, que uno se sorprendería de saber cuántos científicos lo estudian ‘. Para ella la razón es evidente: ‘Nos enseña mucho sobre cómo funcionan nuestros cerebros, nuestras mentes y hasta nuestras sociedades’,

En el reservorio global de malas palabras los temas son curiosamente similares: la religión, el sexo, la locura, los excrementos y la nacionalidad, todos con una capacidad poderosa de exaltar las emociones y, en conjunto, incongruentes como la variedad extraordinaria de actitudes que abarcan: la violencia, el absurdo, la diversión, el asombro. Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras Emma Byrne dice malas palabras y las estudió para su libro ‘Swearing is Good For You’. (profilebooks.com) ‘En su libro What the F, Benjamin K. Bergen señala que, de los 7.000 idiomas que se conocen en el mundo, hay una variación enorme en el tipo, el uso y hasta la cantidad de malas palabras ‘, explicó Byrne.

  1. El ruso, por ejemplo, con sus elaboradas reglas de inflexión, tiene una cantidad casi infinita de formas de insultar, la mayor parte relacionada a la moral de la madre del interlocutor.
  2. En japonés, donde el tabú por los excrementos es casi inexistente (de ahí el simpático emoji de caca) no hay equivalente para ‘mierda’, pero hay otras malas palabras.

Kichigai se podría traducir como ‘retrasado’ y con frecuencia se tapa con un bip en los medios, al igual que kutabare (‘muérete’)’. Del mismo modo que la geografía, el tiempo cambia los insultos. ‘Entre los cientos de estudios que leí para escribir este libro, dos definiciones comunes aparecen una y otra vez: las malas palabras son a) palabras que las personas usan en un estado altamente emocional y b) palabras que aluden a algo tabú ‘, escribió.

  • Y los tabúes son sensibles a la variación histórica.
  • Por eso, decir malas palabras ‘es una parte sorprendentemente flexible de nuestro repertorio lingüístico’, describió.
  • Se reinventa de una generación a otra, a medida que los tabúes cambian’.
  • Algunas palabras que hubieran escandalizado a su madre, puso como ejemplo, ‘hoy pasan sin que se les preste atención’,

De modo complementario, ‘ los insultos raciales aparecían con frecuencia en los libros para niños de la época de mis abuelos, pero para mi generación y las siguientes la carga de esos términos puede ser devastadora’. Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras Las obscenidades tienen en común un estado de ánimo agitado y la apelación al tabú social. (Getty) Cuando descubrió que otros científicos habían tomado las malas palabras seriamente durante mucho tiempo —’y que no soy la única persona que considera útil un uso juicioso del insulto’— se quedó asombrada de la cantidad de efectos buenos del uso de las malas palabras.

La investigación demuestra que decir obscenidades puede ayudar a construir equipos en el trabajo, Desde la planta de la fábrica hasta la sala de operaciones, los científicos han mostrado que los equipos que comparten un léxico vulgar tienden a trabajar juntos más efectivamente, y a sentirse más cerca y ser más productivos que aquellos que no’, señaló.

‘Esos mismos estudios muestran que manejar el estrés del mismo modo que controlamos el dolor —con una buena palabrota— es más efectivo que cualquier cantidad de ejercicios’. Las malas palabras han ayudado también al desarrollo de la neurociencia, halló.

Al brindarnos un barómetro emocional útil, los insultos se han usado como una herramienta de investigación durante más de 150 años, Nos ha ayudado a describir algunas cosas fascinantes sobre la estructura del cerebro humano’, escribió. Tienen, por ejemplo, conductas previsibles: ‘ Decir malas palabras hace que el corazón lata más rápido y nos impulsa a tener pensamientos agresivos a la vez que, paradójicamente, nos hace menos proclives a la violencia física ‘.

Las obscenidades son algo de profundas raíces culturales: tiene que ver con la lengua propia, y sobre todo con la que se aprende en la infancia. De hecho, las groserías no siempre se emplean para la agresión o el insulto : Byrne cita estudios en los que ‘se usan igualmente para expresar frustración con uno mismo, o en solidaridad, o para divertir a alguien’,

  1. En su opinión, hay una enorme diferencia entre decir malas palabras y usar el lenguaje abusivamente.
  2. Aclaró que el libro no es una apología del insulto : ‘Para que decir malas palabras sea efectivo, es necesario mantener su impacto emocional’, es decir, el tabú.
  3. Es decir que la prohibición es parte de su constitución: no hay lenguaje fuerte si no hay uso y costumbre de su crítica.

‘A medida que crecemos notamos el impacto en los que nos rodean, y eso nos da tanto el criterio como el entrenamiento intuitivo para realmente internalizar el poder de esas palabras’. MÁS SOBRE ESTE TEMA: Bélgica puso en marcha la ley contra el sexismo: la justicia condenó por primera vez a un joven por insultos machistas en la calle Puto, majunche, amigovio: cuáles son las palabras más buscadas en el diccionario de la RAE

¿Qué expresan las malas palabras?

En defensa de las groserías (Published 2017) Vida

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Image Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras Maldecir puede aumentar tu habilidad para resistir el dolor, según un estudio. Credit. Getty Images ¿Te ha pasado que te golpeas el dedo del pie y sin querer lanzas una palabrota? Probablemente no lo pensaste mucho, pero quizá reaccionaste de la manera correcta.

Cuando somos niños, se nos enseña que maldecir, incluso cuando tenemos dolor, es inapropiado, que demuestra un vocabulario pobre o es en cierta forma señal de pertenencia a una clase inferior. Sin embargo, las groserías tienen un fin fisiológico, emocional y social, y son efectivas solamente porque son inapropiadas.

‘La paradoja es que el mismo acto de represión del lenguaje es lo que crea esos mismos tabúes en la siguiente generación’, dijo Benjamin Bergen, autor de What the F: What Swearing Reveals About Our Language, Our Brains and Ourselves, Lo llama la ‘paradoja de la vulgaridad’.

La razón por la que un niño piensa que las groserías son malas palabras es porque, conforme va creciendo, se le dice que es una mala palabra, así que las vulgaridades o groserías son una concepción social que se perpetúa a lo largo del tiempo’, dijo Bergen, profesor de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en San Diego.

‘Es algo malo que se crea a sí mismo’. Jurar en vano y maldecir se usan indistintamente, pero hay una sutil diferencia en sus orígenes. Una maldición implica condenar o castigar a alguien, mientras que un juramento sugiere blasfemia: invocar a la deidad para darle poder a tus palabras.

En función de la discusión actual, ambas palabras se definen como vulgaridades: lenguaje ordinario y socialmente inaceptable que no se usa en una conversación educada. La paradoja es que las palabras malsonantes solo son poderosas porque les otorgamos ese poder. Si no se les censurara, todas las palabras que se designan como groserías serían solo términos comunes y corrientes.

En The Stuff of Thought, Steven Pinker, científico cognitivo y profesor de Harvard, enumeró algunas nuevas funciones de las groserías. Hay palabrotas enfáticas, por ejemplo, cuando se quiere resaltar algo, y palabrotas usadas como disfemismos para expresar opiniones de manera provocativa.

  • Sin embargo, decir palabras soeces tiene beneficios más allá de hacer más colorido el lenguaje.
  • También puede ser catártico.
  • Un descubrió que decir malas palabras puede aumentar la habilidad para soportar el dolor.
  • Así que cuando te golpeas el dedo del pie y sueltas una grosería, hacerlo puede ayudarte a tolerar mejor el malestar.

En su experimento, Richard Stephens, profesor de Psicología de la Universidad Keele, les pidió a varias personas que le dieran una lista de palabras, incluidas groserías, que dirían si se pegaran en el dedo con un martillo. Después les pidió que hicieran una lista de palabras neutrales para describir una silla (por ejemplo, ‘de madera’).

A continuación, les pidió que sumergieran una mano en agua helada tanto tiempo como aguantaran mientras repetían una palabra de alguna de las listas: una grosería o una palabra neutral. Los participantes que repitieron una grosería pudieron mantener la mano sumergida en el agua helada por casi 50 por ciento más tiempo que aquellos que repitieron una palabra neutral.

No solo eso, decir groserías también hizo que los participantes no sintieran el dolor tan intensamente. Los investigadores concluyeron que decir groserías tiene el efecto de reducir la sensibilidad al dolor. ¿Quién diría que unas cuantas letras podrían ser tan calmantes? ‘Para aliviar el dolor, las malas palabras parecen desencadenar la respuesta natural de ‘lucha o huida’, así como un incremento de adrenalina y de los latidos del corazón’, dijo Stephens en un correo electrónico.

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Esto lleva a una analgesia inducida por estrés; es decir, a ser más tolerante al dolor’. Otro realizado por Stephens, actualmente en revisión para su publicación, probó el efecto que tiene sobre la fuerza de alguien el decir groserías. Los investigadores les pidieron a los participantes que dijeran groserías y palabras neutrales mientras pedaleaban contra una resistencia en una bicicleta estática o apretaban un dinamómetro con la mano, y después apuntaron los resultados.

En ambos casos, decir groserías mejoraba el rendimiento. Aunque decir malas palabras es en gran parte inocuo, según escribió Bergen en su libro, las injurias o insultos son la excepción. Hay claros beneficios cuando se usan groserías, pero cuando van dirigidas a un grupo demográfico, pueden promover prejuicios, escribió Bergen.

Hay que aclarar que estas palabras, por supuesto, no tienen ningún poder interno ni místico que confiera fuerza o resistencia sobrehumana. Es simplemente el acto de pronunciar una palabra tabú lo que la vuelve catártica, según los investigadores, y eso también aplica a la catarsis emocional. ‘Debe haber ventajas evolutivas en las groserías o no habríamos evolucionado para decirlas’, dijo Timothy Jay, profesor emérito de la Massachusetts College of Liberal Arts, quien ha escrito mucho sobre las palabras obscenas.

‘Podemos expresar nuestras emociones, especialmente el enojo y la frustración, hacia los otros de manera simbólica y no con el uso de uñas y dientes. Decir groserías significa sobrellevar, o desahogarnos, y nos ayuda a lidiar con el estrés’. Timothy Jay, profesor emérito de la Massachusetts College of Liberal Arts Las malas palabras pueden ayudarte a comunicar tus emociones con más precisión, lo que contradice la creencia popular de que la gente usa groserías porque le falta vocabulario.

  1. Se trata del mito de la ‘pobreza de vocabulario’, según el cual la gente dice groserías porque desconoce las palabras adecuadas debido a un vocabulario empobrecido’, dijo Jay.
  2. Cualquier estudioso de la lengua sabe que es al contrario’.
  3. Jay fue coautor de un realizado en 2015 y publicado en Language Sciences, que probaba la habilidad de la gente de producir palabras que comenzaran con una letra en específico.

El resultado desmintió el mito de la pobreza de vocabulario. ‘Nos dimos cuenta de que las personas que podían enlistar muchas palabras que comenzaran con una letra y nombres de animales también eran las que podían emitir la mayor cantidad de groserías’, dijo Jay.

‘Por lo tanto, si la fluidez aumenta, también lo hace la habilidad de decir malas palabras, no al contrario’. Algunas investigaciones también descubrieron un vínculo entre decir groserías y la honestidad. Por ejemplo, un publicado en la revista especializada Social Psychological and Personality Science concluyó que ‘las groserías están asociadas con menos mentiras y engaños a nivel individual’.

Jay dijo que otra investigación mostró que la gente también percibe a aquellos que usan palabrotas como más honestos. La idea es que los mentirosos necesitan usar más su cerebro y requieren más tiempo para pensar e inventar mentiras, recordarlas o simplemente evitar decir la verdad.

En cambio, los que suelen decir la verdad van al grano más rápido, lo que puede implicar hablar impulsivamente y sin filtro. ‘Creemos que cuando la gente usa palabras malsonantes nos da muestras de su estado emocional, y no es algo que la gente haga todo el tiempo’, dijo Bergen. ‘Mucha gente esconde sus emociones por diversas razones y creo que podemos inferir cuando alguien dice groserías que no las está escondiendo; más bien está expresando honestamente su postura emocional.

Si quieres que la gente piense que estás diciendo la verdad, entonces decir malas palabras puede ayudarte en tu propósito’. Benjamin Bergen, profesor de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en San Diego En situaciones sociales, las malas palabras sirven como un método conectivo.

Cada generación tiene su propia jerga, que incluye obscenidades. Cuando usas ese lenguaje, es casi como una contraseña que te da acceso a la gente en la misma frecuencia, dijo Bergen. Algo similar sucede cuando, por el contrario, se evitan las groserías. Como explicaba Bergen, la gente con ciertas creencias religiosas muchas veces evita decir vulgaridades y usa otras frases para remplazar las palabras malsonantes.

Explicó que esto indica a qué grupo social perteneces. Sin embargo, hay detractores que argumentan que el lenguaje obsceno es innecesario y debería ser censurado. Están en lo correcto: si los malhablados queremos preservar los beneficios de decir groserías, necesitamos a esos detractores para asegurarnos de que lo soez continúe siéndolo.

¿Qué dice la Biblia de como debemos hablar?

El dilema de hablar o callar – Opinión – Noticias, última hora, vídeos y fotos de Opinión A veces me ha ocurrido, después de hacer algo, el pensar: ‘no debería haber dicho esto’. Y también al contrario: ‘tendría que haber dicho tal cosa’. No nos engañemos, la cuestión de cuando hablar y cuando callar puede resultar complicado y difícil en muchas ocasiones.

  • La Biblia nos da muchos consejos tanto para hablar como para callar.
  • En Proverbios 17, 28 dice: ‘Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido’.
  • Pero también dice en los versículos 15, 23: ‘Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!’.
  • Saber hablar a tiempo, en el momento oportuno, puede ser de gran ayuda y hacer mucho bien a la persona que lo recibe.

Pero saber callar cuando la otra persona no está preparada para recibir un consejo o un reproche, es sabiduría que no tiene precio. Por eso el apóstol Santiago nos dice que: ‘todo hombre sea pronto para oír y tardo para hablar’. Así pues, humildemente les propongo unos criterios de actuación para que pongan en práctica el hábil instrumento de la comunicación a través de la palabra, pero sobre todo por medio del silencio que habla.

Por ejemplo, callar cuando acusan es heroísmo, pues los acusadores no buscan la verdad, sino derribarte de ella; callar cuando insulta es amor, y que se lo pregunten a las madres que sufren los reproches de sus hijos adolescentes; callar las propias penas es sacrificio, pero se hace por amor; callar de sí mismo es humildad, y es la mejor forma de aprender y crecer en sabiduría; callar las miserias humanas es caridad, ya que ‘el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’; callar a tiempo es prudencia; callar en el dolor es penitencia; callar palabras inútiles es virtud; callar cuando hieren es nobleza, puesto que no consiguen rebajarnos de nuestra dignidad; callar defectos ajenos es benevolencia, los demás son críticas que desvían la atención de los defectos propios.

Sin embargo, callar debiendo hablar es cobardía, pues fue el silencio de los seguidores de Cristo el que también lo condenó a muerte. Aprende primero a callar, para poder luego hablar con acierto. ‘Porque si hablar es plata, callar es oro’, dice el refrán.

  1. Tanto las palabras como los silencios, están relacionados con nuestros pensamientos, pero más profundamente con nuestro corazón.
  2. Dice la Biblia en Proverbios 23,7: ‘Porque según sea tu pensamiento en tu corazón, así eres’ o dicho en otras palabras: somos lo que pensamos.
  3. Así lo ratificaría el mismo Cristo, según lo recoge el evangelista san Mateo en los versículos 15,19: ‘Porque del corazón salen los malos pensamientos’.

Y los buenos también. Equilibrio maravilloso y no ciertamente fácil entre hablar y callar. Que tanto puede uno pecar por defecto como por exceso. Pero podría ser una norma prudente callar, por lo general, cuando los demás quieren hablar y hablar cuando los otros desean escuchar.

¿Qué significa cuando una persona dice muchas groserías?

Maldecir siempre ha sido identificado como algo malo y como una forma del lenguaje bastante baja, agresiva y maleducada. Sin embargo, a pesar de todo, se debe admitir que es una manera muy efectiva de llamar la atención y de causar un impacto en quien escucha.

Al parecer, está relacionado con una parte muy primitiva del cerebro que regula las emociones y se comparte con muchos otros mamíferos: la amígdala cerebral. Esta estructura motiva al cerebro, agrede y es responsable de las groserías y de las malas palabras. Una explicación de ello sería que las amenazas verbales son procesadas en esta parte del cerebro, a diferencia de otras expresiones del lenguaje.

Es decir, la amígdala cerebral cumple un papel a la hora de interpretar el peligro que se deriva del lenguaje (como cuando alguien amenaza a otro, lo que a menudo conlleva el uso de obscenidades). También en el cuerpo amigdalino está la capacidad de activar el estado de lucha o de huida y, entre otros, el envío de órdenes para la activación de neurotransmisores como la adrenalina.

Según el psicólogo de Harvard Steven Pinker (2007), ‘maldecir activa un reflejo defensivo similar al de un animal que es herido de repente o encerrado, y que estalla en una lucha furiosa, acompañada de una vocalización violenta para asustar e intimidar al atacante’. El resultado trae a colación una explicación tan interesante como necesaria para estas investigaciones.

No es que el cerebro esté biológicamente programado para producir adrenalina cuando escucha una mala palabra, ya que de entrada esta idea se refutaría con la diferencia entre las obscenidades según el idioma, sino que el motivo estaría en el mecanismo que ayuda a aumentar la tolerancia al dolor y que sería esa respuesta emocional a través de la amígdala cerebral la que provoca las obscenidades.

Algo muy diferente son los estados de coprolalia o cacolalia (vocablo que procede del griego): quienes los padecen tienen la tendencia patológica de decir obscenidades. Las investigaciones en personas que sufren de este síndrome sugieren que su causa puede estar relacionada con una estructura cerebral más profunda: los ganglios basales.

Los individuos con este trastorno compulsivo son incapaces de controlarse (trastorno de desinhibición) y, por tanto, caen en múltiples problemas tanto en su vida personal como laboral. Este hábito de lenguaje obsceno compulsivo es el resultado de un mal funcionamiento de ciertos neurotransmisores del cerebro, aunque se desconoce de forma concluyente el origen de esta patología.

Por otro lado, existen trabajos en casos no patológicos dirigidos a averiguar el efecto que tienen las groserías porque son consideradas una herramienta muy poderosa en el lenguaje y la comunicación. Es digno de curiosidad creciente cómo ciertas palabras siendo tan cortas pueden causar tanto impacto y evocar sentimientos tan fuertes.

Los lingüistas han descubierto que las groserías provienen de una zona del cerebro completamente diferente de cualquier otra forma de comunicación oral. Las investigaciones demuestran que los niños comienzan a pronunciarlas cuando cumplen 6 años, o incluso antes.

Es posible que usar groserías haga parecer a alguien como maleducado y digno de poca confianza. Sin embargo, podría tener algunos beneficios sorprendentes: desde favorecer la persuasión hasta ayudar a aliviar el dolor. Asimismo, decir palabrotas involucra una parte completamente distinta del cerebro que el resto del vocabulario.

También es fácil deducir que pronunciarlas incrementa la efectividad de un mensaje o lo hace mucho más concluyente. El cerebro maneja las malas palabras de forma diferente que el lenguaje ordinario, puesto que mientras que la mayoría del lenguaje se ubica en la corteza y en áreas específicas del lenguaje en el hemisferio izquierdo del cerebro, las groserías podrían estar asociadas a un área más vieja y rudimentaria como es la amígdala cerebral.

  1. Las personas con disfasia (afectadas por una pérdida o trastorno del habla), generalmente, presentan daño en el hemisferio izquierdo y tienen dificultades para hablar.
  2. Sin embargo, hay muchos casos registrados que pueden usar el lenguaje estereotípico de manera más fluida, es decir, pueden hacer cosas como cantar o decir groserías sin inconvenientes.

Una serie de estudios demostró cómo las palabrotas incrementan la tolerancia al dolor y, en algunos contextos, pueden ser consideradas como una forma de cortesía. Por ejemplo, un grupo de estudiantes que repite una grosería es capaz de mantener la mano en un cubo de agua helada más tiempo que aquellos que pronuncian una palabra neutral.

En el mismo experimento se puede registrar también un incremento en el ritmo cardiaco de los participantes, lo que sugiere una respuesta emocional en sí a las palabrotas. Grupos de investigadores sugieren que el tamaño del beneficio potencial que puede obtenerse de decir groserías depende de cuán grande es el tabú asociado a la palabra, lo que probablemente dependa de con cuánta frecuencia la persona fue amonestada de pequeño por decirla.

Al respecto, un estudio publicado en 2013 halló que personas que habían sido castigadas más veces en la infancia tenían una respuesta de conductancia cutánea (una categoría que mide excitación fisiológica) más alta cuando leían en voz alta una lista de groserías en el laboratorio.

  • Las personas muy groseras han sido calificadas hace un tiempo como menos competentes y menos creíbles.
  • Sin embargo, a través de algunas investigaciones recientes, cabe desmentir la asunción de que decir groserías es necesariamente el resultado de pertenecer a una clase baja o a una falta de educación o de fluidez en el lenguaje.
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Timothy Jay y sus colegas encontraron que la tendencia a decir groserías se correlacionaba mucho más con la fluidez verbal en forma más general, y no era el resultado de tener un vocabulario deficiente. La universidad de Lancaster (2004) confirmó que aunque decir palabrotas se reduce a medida que incrementa la clase social, las clases medias altas dicen groserías en forma significativamente más frecuente que las clases medias bajas, lo que sugiere que a cierta altura de la escalera social a la gente no le importan los efectos.

De todas maneras, parece que para el cerebro las palabrotas ni siquiera son palabras, sino grumos de emoción. De hecho no están almacenadas donde se halla el resto del lenguaje, sino que se encuentran en otra área completamente distinta. Sabemos que el lenguaje formal se encuentra en las áreas de Broca y de Wernicke.

En cambio, las palabrotas, aparentemente, están almacenadas en el sistema límbico, un complejo sistema de redes neurológicas que controla y dirige las emociones. Frente a un dolor intenso, las personas de cualquier condición, edad o cultura, por lo general, sueltan palabras y gritos que en ocasiones rayan lo soez.

  1. Investigadores de la Universidad de Keele (Reino Unido) confirmaron que, al sentir dolor y expresar en voz alta la palabra que ellas escogieran, el umbral del dolor se aumentaba de manera importante (mayor resistencia al mismo) en relación con el lenguaje soez.
  2. Esto, dicho de manera genuina, aumenta las variables del cuerpo que actúan en el estrés, ya que al competir el dolor con mantener en el tiempo la voz o el grito, el cerebro se distrae y la sensación dolorosa tiende a disminuir.

De ahí que se intervenga como una reacción natural de tipo instintivo, a veces imposible de bloquear. Estas novedades sobre el comportamiento neurológico ayudan a explicar por qué todos los esfuerzos para erradicar los insultos a través de la historia han sido fallidos.

  • Prohibir palabras que en realidad están conectadas a las emociones es tan imposible como intentar prohibir las emociones en sí: conociendo la naturaleza humana, no hay chances de que eso funcione.
  • Estos conceptos se suelen identificar con los de ordinariez y lo grosero, aunque no deben confundirse con la totalidad del registro lingüístico vulgar, coloquial o familiar, ni con las llamadas lenguas vulgares.

Nuestro querido e inolvidable Roberto Fontanarrosa (un humorista gráfico y escritor argentino) decía al respecto: ‘Obviamente no sé quién define a las palabras como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas, que en un principio eran buenos, pero la sociedad los hizo malos’.

Kubarth, Hugo (1986). El idioma como juego social: la conciencia sociolingüística del porteño. Thesaurus: boletín del Instituto Caro y Cuervo, 41 (1-3). pp.187-210. ISSN: 0040-604X.Polo, Sara (2015). Ensayo sociolingüístico de las putas palabrotas. EL MUNDO. Oliveras, Ángels (2000). Hacia la competencia intercultural en el aprendizaje de una lengua extranjera: estudio del choque cultural y los malentendidos. Editorial: EDINUMEN. ISBN: 9788489756335.Jaim Etcheverry, Guillermo (2014). La lengua sucia. LA NACIÓN. Lemonier‎, Marc (2007). Le petit dicó des insultes, gros mots et autres injures. Editeur: City Editions. ISBN-10: 235288067X.Guilleron, Gilles (2013). Gros mots: Petit dictionnaire des noms d’oiseaux. Éditeur: FIRST. ISBN: 275405250X.Ruis, Mayte (2012). ¿Somos malhablados? La Vanguardia. Ortega, Virgilio (2015). Palabrotalogía: etimología de las palabras soeces. Editorial: CRITICA. ISBN: 9788498928020.

¿Cómo se le dice a una persona que dice malas palabras?

Puteada (el DRAE lo recoge como ‘malsonante’ y ‘americanismo’: ‘acción y efecto de putear -injuriar-‘). ​

¿Cómo se le llama a las malas palabras?

Las ‘ malas palabras ‘ no existen. Depende de la intención y objeto que se tuvo al expresarlas. Para lastimar a alguna persona, se utiliza algún vocablo con el significado hiriente. Si se recurre al Diccionario de la Lengua, las ‘ malas palabras ‘ son directas.

¿Cuál es la groseria más usada en el mundo?

Decir cochinadas – Entre las culturas cristianas, la línea que separa a quienes insultan mucho aludiendo a madres y prostitutas y los que no se parece mucho a la que divide a quienes creen que la María es coestrella de Jesús y los que piensan que es apenas una actriz secundaria.

Nómbrale la madre a alguien en Finlandia, por ejemplo, y lo más probable es que asuma que tienes un problema personal con ella, en vez de creer que estás tratando de ofenderlo. Sí, en Finlandia la palabra para órgano genital masculino es una de las más groseras. Pero otras incluyen saatana (satán), perkele (demonio) y helvetti (infierno).

Estas palabras también forman la raíz de lo más insultante que hay en sueco, noruego y danés. Fuente de la imagen, v Pie de foto, Los animales también figuran con frecuencia en el lenguaje insultante, pero no muchas veces no tienen la fuerza simbólica suficiente para calificar como grosería.

Los misioneros les grabaron a fuego el miedo al demonio. Evidencia directa similar del control de la Iglesia aparece un poco en inglés (hace siglos, nombrar diferentes partes del cuerpo de la Cristo era lo más fuerte que podía decirse; hoy en día, usar ‘maldición’ e ‘infierno’ todavía es bastante cuestionable).

Puede que en francés les guste usar putains y cons para insultar, pero en Quebec, que hasta hace unas pocas décadas estaba dominado por la Iglesia católica, gran parte del lenguaje considerado más grosero estaba formado por cosas que se pueden encontrar en una iglesia: hostie (la hostia consagrada), tabernacle (donde se almacenan), ciboire (donde se las transporta) y calice (el cáliz).

Las heces fecales son la grosería favorita en menos sitios de lo que uno pueda imaginarse. Aparece por aquí y por allá: en el lenguaje de Fiji y otras islas cercanas, en árabe y en albano, por mencionar algunos. Pero en el círculo británico-francés-alemán, ‘mierda’ ( shit, merde y Scheiße ) es una mala palabra gracias a los controles sociales enfocados en la limpieza (¿deberíamos decir de retención anal?).

En Suecia, si bien puedes decir ‘skit’ cuando estás molesto, no hay problema si lo dices delante de tu abuela. Otros tabúes relacionados con la limpieza figuran en otros lenguajes: los trapos que usas para limpiarte el trasero constituyen groserías especialmente groseras en dialecto jaimaiquino.

Algunos lugares ven con especial horror la enfermedad. Puedes usar ‘cólera’ como un improperio catártico en polaco (si perteneces a una generación vieja) y puedes desearle a alguien que se contagie de cólera en tailandés. Buena parte del lenguaje insultante en danés usa cáncer, cólera y tifus. Si quieres ofender a alguien en danés, sólo añade ‘kanker’ a la frase: ‘canceroso’ es un insulto muy fuerte.

Tener problemas de salud molesta mucho más a los daneses que las violaciones del código moral. Los animales también pueden usarse como base para palabrotas, pero normalmente no pertenecen a las estructuras de control social basadas en la moralidad, así que con frecuencia no forman parte de lo que consideramos groserías, excepto cuando son referencias veladas, como en el caso de guītóu en mandarín (‘cabeza de tortuga’, en alusión al pene).

  • Del mismo modo, las deficiencias mentales también son objeto de desprecio, pero mientras que los insultos equivalentes a ‘idiota’ son muy comunes, sólo en una cultura como la japonesa figuran entre las groserías más populares.
  • Las estructuras de control social cambian de país en país, pero son, después de todo, el resultado del mismo animal humano en el mismo planeta.

Parte del mismo magma burbujeante.

¿Cuál es el origen de las groserías?

El origen de las groserías, ¿realmente son malas palabras? Tuesday 07 November 2017 – 00:00 HS Que Dice La Biblia Sobre Las Malas Palabras Si alguien osa decir la palabra con ‘V’, que hace alusión a las partes privadas de los hombres, muchas personas se sonrojan. Y ni hablar del grito que se popularizó durante los partidos de fútbol en el Mundial: se convirtió en una hecatombe, y todo por las groserías.

  • La doctora Laura Hernández Martínez, profesora-investigadora en la línea de Lingüística del Departamento de Filosofía de la UAM-Iztapalapa habla al respecto de esto en su tema de investigación de los discursos marginales, aquello que está proscrito en el lenguaje, lo que no se puede decir.
  • Uno de sus últimos trabajos ha sido ‘El origen del chingar mexicano: un debate abierto’, publicado en la Universidad Masarik en Brno, República Checa, donde plantea que nuestra palabra emblemática es una fusión del chingar del caló gitano, que significaba ‘fornicar’ y del tzinco nahua, que significa ‘en el culo’.

Lo principal es diferenciar entre insultos y groserías. Por ejemplo, los insultos son situacionales, es decir, no es lo mismo que alguien se autonombre ‘chilango’ a que alguien diga: ‘haz patria y acaba con un chilango’. Ambas hacen referencia a lo mismo, pero no significan igual, por el contexto.

  • Por su parte, están las groserías ligadas a temas tabú, como por ejemplo, la sexualidad, los genitales.
  • No se pueden decir sin que haya una respuesta.
  • Se utilizan para expresar emociones, pero hay muchas coerciones para no usarlas.
  • Esto pasa porque caen en un juicio sobre lo que es políticamente correcto, como si hubiera un problema moral con ello’.

El significado depende del contexto. ‘El lenguaje es una propiedad nuestra y las palabras no tienen vida propia’. Ahora bien, les compartimos el análisis de algunas palabras de las que habla la doctora Hernández: Puerco, simio, cualquier palabra que haga alusión a un animal: esto se dice porque se busca acusar al otro de que no es inteligente.

Lo más cercano a esto es compararlo con un animal. Puta: cuentan que a Catalina la Grande se le conocía como la Puta entre los rusos, pues dicen que tenía encuentros con varios hombres. Cuando ella se enteró del apodo que tenía, prohibió que se dijera esta palabra. Con la Perestroika, cuando la gente salía a la calle a protestar, gritaban esta misma palabra como un reclamo por la libertad de expresión.

Se convirtió en un símbolo de la opresión de los pueblos. Culero: es una palabra homofóbica que hace alusión al pasivo. Referente a esta cuestión, Octavio Paz habla de una mitología del cuerpo. El que está abierto es el débil y el que penetra, el fuerte.

Esto hace que culturalmente las mujeres sean consideradas como el sexo débil. Gata: antiguamente se refería a las personas del servicio doméstico con este nombre. ¿Por qué? Porque vivían en los cuartos de las azoteas y ahí tenían relaciones, como los gatos que se suben a las azoteas. ¿Por qué se han satanizado las groserías? Muchas de estas palabras fueron utilizadas únicamente por los hombres anteriormente, ya que en la cultura mexicana sólo ellos estaban autorizados para insultar y hablar con groserías.

Por tal motivo, muchas hacen referencia a cuestiones homofóbicas, del macho que domina. ‘Los jóvenes las usan más porque es una manera de expresar emociones. Por ejemplo, cuando alguien quiere decir que una persona es admirable en lo que hace, dice ‘eres un chingón’.

  • No necesariamente hace referencia a algo negativo’.
  • Las palabras en sí mismas no son malas.
  • La vida de las palabras tiene que ver con la vida de las personas.
  • Cuando se consideran un insulto es la situación la que es criticada, es decir, si es para discriminar de forma directa u ofender a alguien,
  • Si fueran tan ‘malas’, ¿por qué no se han eliminado del lenguaje? Cuestiona la doctora Hernández.
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¿Ustedes qué groserías dicen a diario? También te puede interesar: : El origen de las groserías, ¿realmente son malas palabras?

¿Qué significa cuando una persona dice muchas groserías?

Maldecir siempre ha sido identificado como algo malo y como una forma del lenguaje bastante baja, agresiva y maleducada. Sin embargo, a pesar de todo, se debe admitir que es una manera muy efectiva de llamar la atención y de causar un impacto en quien escucha.

Al parecer, está relacionado con una parte muy primitiva del cerebro que regula las emociones y se comparte con muchos otros mamíferos: la amígdala cerebral. Esta estructura motiva al cerebro, agrede y es responsable de las groserías y de las malas palabras. Una explicación de ello sería que las amenazas verbales son procesadas en esta parte del cerebro, a diferencia de otras expresiones del lenguaje.

Es decir, la amígdala cerebral cumple un papel a la hora de interpretar el peligro que se deriva del lenguaje (como cuando alguien amenaza a otro, lo que a menudo conlleva el uso de obscenidades). También en el cuerpo amigdalino está la capacidad de activar el estado de lucha o de huida y, entre otros, el envío de órdenes para la activación de neurotransmisores como la adrenalina.

Según el psicólogo de Harvard Steven Pinker (2007), ‘maldecir activa un reflejo defensivo similar al de un animal que es herido de repente o encerrado, y que estalla en una lucha furiosa, acompañada de una vocalización violenta para asustar e intimidar al atacante’. El resultado trae a colación una explicación tan interesante como necesaria para estas investigaciones.

No es que el cerebro esté biológicamente programado para producir adrenalina cuando escucha una mala palabra, ya que de entrada esta idea se refutaría con la diferencia entre las obscenidades según el idioma, sino que el motivo estaría en el mecanismo que ayuda a aumentar la tolerancia al dolor y que sería esa respuesta emocional a través de la amígdala cerebral la que provoca las obscenidades.

Algo muy diferente son los estados de coprolalia o cacolalia (vocablo que procede del griego): quienes los padecen tienen la tendencia patológica de decir obscenidades. Las investigaciones en personas que sufren de este síndrome sugieren que su causa puede estar relacionada con una estructura cerebral más profunda: los ganglios basales.

Los individuos con este trastorno compulsivo son incapaces de controlarse (trastorno de desinhibición) y, por tanto, caen en múltiples problemas tanto en su vida personal como laboral. Este hábito de lenguaje obsceno compulsivo es el resultado de un mal funcionamiento de ciertos neurotransmisores del cerebro, aunque se desconoce de forma concluyente el origen de esta patología.

  • Por otro lado, existen trabajos en casos no patológicos dirigidos a averiguar el efecto que tienen las groserías porque son consideradas una herramienta muy poderosa en el lenguaje y la comunicación.
  • Es digno de curiosidad creciente cómo ciertas palabras siendo tan cortas pueden causar tanto impacto y evocar sentimientos tan fuertes.

Los lingüistas han descubierto que las groserías provienen de una zona del cerebro completamente diferente de cualquier otra forma de comunicación oral. Las investigaciones demuestran que los niños comienzan a pronunciarlas cuando cumplen 6 años, o incluso antes.

  • Es posible que usar groserías haga parecer a alguien como maleducado y digno de poca confianza.
  • Sin embargo, podría tener algunos beneficios sorprendentes: desde favorecer la persuasión hasta ayudar a aliviar el dolor.
  • Asimismo, decir palabrotas involucra una parte completamente distinta del cerebro que el resto del vocabulario.

También es fácil deducir que pronunciarlas incrementa la efectividad de un mensaje o lo hace mucho más concluyente. El cerebro maneja las malas palabras de forma diferente que el lenguaje ordinario, puesto que mientras que la mayoría del lenguaje se ubica en la corteza y en áreas específicas del lenguaje en el hemisferio izquierdo del cerebro, las groserías podrían estar asociadas a un área más vieja y rudimentaria como es la amígdala cerebral.

  1. Las personas con disfasia (afectadas por una pérdida o trastorno del habla), generalmente, presentan daño en el hemisferio izquierdo y tienen dificultades para hablar.
  2. Sin embargo, hay muchos casos registrados que pueden usar el lenguaje estereotípico de manera más fluida, es decir, pueden hacer cosas como cantar o decir groserías sin inconvenientes.

Una serie de estudios demostró cómo las palabrotas incrementan la tolerancia al dolor y, en algunos contextos, pueden ser consideradas como una forma de cortesía. Por ejemplo, un grupo de estudiantes que repite una grosería es capaz de mantener la mano en un cubo de agua helada más tiempo que aquellos que pronuncian una palabra neutral.

  • En el mismo experimento se puede registrar también un incremento en el ritmo cardiaco de los participantes, lo que sugiere una respuesta emocional en sí a las palabrotas.
  • Grupos de investigadores sugieren que el tamaño del beneficio potencial que puede obtenerse de decir groserías depende de cuán grande es el tabú asociado a la palabra, lo que probablemente dependa de con cuánta frecuencia la persona fue amonestada de pequeño por decirla.

Al respecto, un estudio publicado en 2013 halló que personas que habían sido castigadas más veces en la infancia tenían una respuesta de conductancia cutánea (una categoría que mide excitación fisiológica) más alta cuando leían en voz alta una lista de groserías en el laboratorio.

  • Las personas muy groseras han sido calificadas hace un tiempo como menos competentes y menos creíbles.
  • Sin embargo, a través de algunas investigaciones recientes, cabe desmentir la asunción de que decir groserías es necesariamente el resultado de pertenecer a una clase baja o a una falta de educación o de fluidez en el lenguaje.

Timothy Jay y sus colegas encontraron que la tendencia a decir groserías se correlacionaba mucho más con la fluidez verbal en forma más general, y no era el resultado de tener un vocabulario deficiente. La universidad de Lancaster (2004) confirmó que aunque decir palabrotas se reduce a medida que incrementa la clase social, las clases medias altas dicen groserías en forma significativamente más frecuente que las clases medias bajas, lo que sugiere que a cierta altura de la escalera social a la gente no le importan los efectos.

  1. De todas maneras, parece que para el cerebro las palabrotas ni siquiera son palabras, sino grumos de emoción.
  2. De hecho no están almacenadas donde se halla el resto del lenguaje, sino que se encuentran en otra área completamente distinta.
  3. Sabemos que el lenguaje formal se encuentra en las áreas de Broca y de Wernicke.

En cambio, las palabrotas, aparentemente, están almacenadas en el sistema límbico, un complejo sistema de redes neurológicas que controla y dirige las emociones. Frente a un dolor intenso, las personas de cualquier condición, edad o cultura, por lo general, sueltan palabras y gritos que en ocasiones rayan lo soez.

  1. Investigadores de la Universidad de Keele (Reino Unido) confirmaron que, al sentir dolor y expresar en voz alta la palabra que ellas escogieran, el umbral del dolor se aumentaba de manera importante (mayor resistencia al mismo) en relación con el lenguaje soez.
  2. Esto, dicho de manera genuina, aumenta las variables del cuerpo que actúan en el estrés, ya que al competir el dolor con mantener en el tiempo la voz o el grito, el cerebro se distrae y la sensación dolorosa tiende a disminuir.

De ahí que se intervenga como una reacción natural de tipo instintivo, a veces imposible de bloquear. Estas novedades sobre el comportamiento neurológico ayudan a explicar por qué todos los esfuerzos para erradicar los insultos a través de la historia han sido fallidos.

Prohibir palabras que en realidad están conectadas a las emociones es tan imposible como intentar prohibir las emociones en sí: conociendo la naturaleza humana, no hay chances de que eso funcione. Estos conceptos se suelen identificar con los de ordinariez y lo grosero, aunque no deben confundirse con la totalidad del registro lingüístico vulgar, coloquial o familiar, ni con las llamadas lenguas vulgares.

Nuestro querido e inolvidable Roberto Fontanarrosa (un humorista gráfico y escritor argentino) decía al respecto: ‘Obviamente no sé quién define a las palabras como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas, que en un principio eran buenos, pero la sociedad los hizo malos’.

Kubarth, Hugo (1986). El idioma como juego social: la conciencia sociolingüística del porteño. Thesaurus: boletín del Instituto Caro y Cuervo, 41 (1-3). pp.187-210. ISSN: 0040-604X.Polo, Sara (2015). Ensayo sociolingüístico de las putas palabrotas. EL MUNDO. Oliveras, Ángels (2000). Hacia la competencia intercultural en el aprendizaje de una lengua extranjera: estudio del choque cultural y los malentendidos. Editorial: EDINUMEN. ISBN: 9788489756335.Jaim Etcheverry, Guillermo (2014). La lengua sucia. LA NACIÓN. Lemonier‎, Marc (2007). Le petit dicó des insultes, gros mots et autres injures. Editeur: City Editions. ISBN-10: 235288067X.Guilleron, Gilles (2013). Gros mots: Petit dictionnaire des noms d’oiseaux. Éditeur: FIRST. ISBN: 275405250X.Ruis, Mayte (2012). ¿Somos malhablados? La Vanguardia. Ortega, Virgilio (2015). Palabrotalogía: etimología de las palabras soeces. Editorial: CRITICA. ISBN: 9788498928020.

¿Qué dice en Efesios 5 3?

Efesios 5

  • 1 Sed, pues, de Dios como hijos amados.
  • 2 Y en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y a Dios en olor,
  • 3 Pero y toda impureza, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a los ;
  • 4 ni indecentes, ni, ni relatos groseros, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.
  • 5 Porque sabéis esto, que ningún, o, o avaro, que es idólatra, tiene en el reino de Cristo y de Dios.
  • 6 Nadie os con, porque por estas cosas viene la de Dios sobre los hijos de la,
  • 7 No seáis, pues, partícipes con ellos,
  • 8 porque en otro tiempo erais tinieblas; pero ahora sois luz en el Señor; andad como de luz
  • 9 (porque el del Espíritu es en toda bondad, y justicia y verdad),
  • 10 comprobando lo que es agradable al Señor.
  • 11 Y no en las obras infructuosas de las, sino antes bien,
  • 12 Porque es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.
  • 13 Mas todas las cosas son visibles cuando son expuestas a la luz; porque lo que lo manifiesta todo es la luz.
  • 14 Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te Cristo.
  • 15 Mirad, pues, con cuidado cómo andéis, no como necios, sino como sabios,
  • 16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
  • 17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál es la voluntad del Señor.
  • 18 Y no os con vino, en lo cual hay desenfreno; antes bien, sed llenos del Espíritu,
  • 19 hablando entre vosotros con, y con himnos, y cánticos espirituales, cantando y al Señor en vuestros corazones;
  • 20 dando gracias siempre por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
  • 21 los unos a los otros en el temor de Dios.
  • 22 Las sujetas a sus propios maridos, como al Señor.
  • 23 Porque el marido cabeza de la mujer, así como Cristo es de la ; y él es el salvador del cuerpo.
  • 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
  • 25 Maridos, a vuestras esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

26 para, habiéndola en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.28 Así también los maridos deben amar a sus esposas como a sus mismos cuerpos. El que ama a su, a sí mismo se ama.

  1. 29 Porque ninguno aborreció jamás a su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como también Cristo a la iglesia;
  2. 30 porque somos de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
  3. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su esposa, y los dos serán sola carne.
  4. 32 Grande es este, pero yo digo esto con respecto a Cristo y a la iglesia.
  5. 33 Por tanto, cada uno de vosotros ame también a su esposa como a sí mismo; y la esposa a su marido.
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